Luz filtrada entre las ramas, resbalando por los troncos, dibujando sombras sobre la piedra húmeda.

El río Matarraña murmura en voz baja.
Corre limpio, libre, como si no supiera de relojes ni de caminos.

Sus aguas frescas acarician las rocas y despiertan reflejos temblorosos bajo el cielo abierto.

El verano huele a agua fresca del rio, a tomillo, a romero, a lavanda a poleo, a mariposas ….

Los árboles lo custodian todo en silencio,
como si guardaran un secreto antiguo
que solo puede entenderse si uno se detiene y
se deja llevar por el lenguaje invisible de la naturaleza.

No hay ruido, no hay prisa, lo único que se oye
es el canto de las cigarras y el sonido del agua corriendo entre las piedras.

La luz del atardecer envuelve suavemente el río,
tiñendo sus aguas de tonos dorados y anaranjados creando un reflejo mágico en su superficie.

