Esta masía fue construida a mediados del siglo XIX

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Esta masía fue construida a mediados del siglo XIX, en un momento en que la vida rural marcaba el ritmo del territorio. Sus propietarios vivían allí durante parte del año, mientras trabajaban las tierras de los alrededores y criaban animales, siguiendo los ciclos naturales y las labores tradicionales del campo. El cultivo protagonista era la alabada judía de Beceite (fesol de Beseit), un producto de gran prestigio culinario que forma parte de la identidad agrícola y gastronómica de la zona.

A partir de los años 1940, el Mas de Lluvia desempeñó una nueva función al dar albergue a trabajadores forestales que se dedicaban a la tala de pinos en los bosques cercanos. La masía se convirtió entonces en un lugar de descanso tras duras jornadas en el monte, ligado a la explotación forestal y a la vida austera de aquellos años.

En la década de 1960, el Mas de Lluvia recibió a gentes procedentes de las grandes ciudades que buscaban desconectar del ritmo urbano y disfrutar de unos días de calma en plena naturaleza. El entorno, el silencio y la calidad del aire hicieron que también se alojaran aquí personas con problemas pulmonares, que experimentaban una notable mejoría durante su estancia.

Durante los años 70, la masía vivió una etapa especialmente popular al transformarse en “El merendero del Mas de Lluvia”. Se convirtió en un punto de encuentro muy querido, donde vecinos de la comarca y visitantes compartían comidas, celebraciones y largas sobremesas, siempre rodeados de paisaje y naturaleza. Esta etapa consolidó al Mas de Lluvia como un lugar de acogida, convivencia y disfrute, un papel que, con el paso del tiempo, ha seguido definiendo su esencia.

Al ser de la zona, nosotros ya conocíamos Mas de Lluvia  porque durante los años en los que fue merendero, cuando llegaba el verano acudíamos allí con nuestras familias para comer y pasar la tarde jugando en el río, sin imaginar entonces el vínculo tan profundo que acabaríamos teniendo con este lugar. En agosto de 2005 dimos un paso importante y lo compramos, continuando así una historia que ya formaba parte de nosotros.

Durante catorce años lo hemos disfrutado intensamente junto a familiares y amigos, llenándolo de risas, conversaciones interminables y momentos que guardamos como auténticos tesoros. Fueron años de celebraciones que se alargaban y de encuentros en los que nadie tenía prisa por marcharse.

Tras las reformas de 2020, sentimos que había llegado el momento de dar un nuevo paso. Decidimos realizar las obras necesarias para acondicionar la casa y ofrecerla como alojamiento de turismo rural, con la ilusión de poder compartir este pequeño paraíso con personas de cualquier lugar del mundo que deseen disfrutar de unos días de calma en plena naturaleza.