Cuando cae la noche

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Cuando el sol se despide y la oscuridad abraza el paisaje, la naturaleza cobra vida en una sinfonía de sonidos y luces.

Algo mágico sucede.

El mundo parece detenerse, el cielo se enciende de estrellas… y la naturaleza comienza su concierto más íntimo.

El susurro del viento entre los árboles, que acaricia sin pedir permiso y refresca las noches cálidas.

Algún búho lejano que recuerda que seguimos siendo invitados en esta tierra viva y salvaje.

El canto de los grillos, constante, hipnótico, marcando el ritmo del silencio.

El murmullo del agua, va creando una melodía tranquila que acompaña cada momento.

La noche no duerme.

El cielo se despliega como un mapa antiguo, lleno de luces titilantes y caminos de estrellas.

Sobre la madera tibia de una tarima,
el cuerpo se entrega al cielo
y los pensamientos se callan,
como si comprendieran que aquí no hace falta entender nada.
Solo sentir.

Y todo se convierte en un lenguaje que no se habla,
pero que se recuerda.
Como si ya hubiéramos estado aquí,
en otra vida…

o en un sueño.