En El Mas de Lluvia, la primavera se anuncia con un espectáculo inolvidable: la floración de los cerezos.
Las flores de cerezo, delicadas y efímeras, es un momento que invita a la pausa, al paseo tranquilo, a disfrutar del aroma suave que llena el aire.

Los cerezos no tienen prisa. Tras la fiesta de pétalos llega el silencio del fruto que crece. Poco a poco, las flores dan paso a pequeñas esferas verdes que el sol de mayo va madurando. Y así, casi sin darnos cuenta, aparecen las primeras cerezas: rojas, dulces, como pequeños tesoros escondidos entre las hojas.


Empiezan a aparecer las primeras cerezas, rojas, brillantes y jugosas, no solo son un placer para el paladar, sino también un símbolo de la conexión con la tierra y el ritmo de las estaciones.


Este ciclo es más que naturaleza: es recuerdo, es infancia, es recoger cerezas con las manos manchadas y compartirlas en familia. Es invitar a quienes nos visitan a probarlas recién cogidas, todavía tibias del sol.
